+34 976 096 515 info@lacorbataazul.com

optimismo

Cuando entras en la difícil rueda de trabajar con los clientes y tratar de ofrecer un servicio en condiciones acorde a las necesidades de los mismos, el primero que tiene que poner el listón alto eres tú mismo.

Ya seas una empresa, un freelance, o simplemente un trabajador por cuenta ajena, tu objetivo debe de ir más lejos del dinero, de dar un servicio, o de contentar al cliente. Tu opinión cuenta y cuenta mucho. Si caes en la rutina de trabajar a disgusto, creando cosas que no te gusten a ti mismo o que no recomendarías a nadie, tienes o vas a tener un problema.

Conforme comienzas tu andadura en el mundo del diseño te das cuenta de dos cosas: tu opinión cuenta menos de lo que debería, y que cada opinión es diferente y no puedes contentar a todos.

Por un lado tienes que asumir que tus trabajos no van a gustar a todo el mundo, eso es imposible. Asúmelo rápido y te ahorrarás disgustos. Por un lado tienes que estar contento con tu trabajo, debe de gustarle al cliente y su entorno, debes seguir una buena técnica y mecánica de trabajo, pero no lo dudes nunca, siempre habrá gente que opine que has realizado una imagen fea.

relacion-cliente

Por otro lado puedes toparte con clientes muy herméticos, o que simplemente tienen claro lo que quieren y no vas a poder moverlos de ahí. Esto es peligroso puesto que quizá te toque hacer algo que no te guste. Como profesional del sector está en tu mano lidiar con estos clientes haciéndoles ver que lo que dicen no es lo adecuado, que los colores no transmiten nada de lo que ellos tienen en mente, o que simplemente su imagen es burda y grotesca (si, también los hay).

Una vez tu has comunicado al cliente que quizá esté equivocado en buscar eso que quiere, tienes dos opciones…la primera es que se deje asesorar y tu guíes el proceso creativo para obtener un resultado adecuado. O todo lo contrario. Que el cliente no se de por vencido y no ceda en nada haciendo que el resultado final sea algo que le guste exclusivamente a él.

Tristemente la última palabra no es la tuya, sino la del cliente. Hay que asumir que quizá tengas un diseño que te guste mucho a ti, y uno que no te guste nada, y al final el seleccionado sea el que no te guste. Eso pasa. Pero tu habrás hecho un buen trabajo.

A veces por miedo a perder el cliente le das la razón en todo. Eso no funciona así. El cliente necesita que opines, que te mojes y que le digas las cosas, luego con tus consejos es libre de hacer lo que quiera, pero si te callas en todo estás trabajando mal, eso por dentro no te hará estar a gusto y a la larga te perjudicará.

En conclusión, hay que tener muy clara la posición que ocupas en esta relación cliente – profesional. Debes asesorar y ayudar, tu trabajo debe de ser de calidad y siempre, aunque no te entusiasme el tema, la idea del cliente u otras cosas, debes de ayudar y guiar al cliente en su andadura. En tu mano queda convencer, o argumentar tu punto de vista para que el resultado sea lo mejor posible.